Democraticemos la tecnología

II Congreso de Edificios Inteligentes

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A raíz del II Congreso de Edificios Inteligentes, realizado en la Facultad de Ingeniería Industrial de La Universidad Politécnica de Madrid, el autor plantea la necesidad de que las nuevas tecnologías lleguen a todos los sectores sociales.

 

miguelPor Miguel Riobó Souto (Co-founder archiBLU arquitectos)

 

 

 

 

 

 

La puesta en crisis en 1973 del modelo energético basado en una sobreexplotación del petróleo puso en evidencia la necesidad de establecer una nueva cultura y un nuevo desarrollo de disciplinas energéticas que crearan un conjunto de referencias aplicables a todos los ámbitos de nuestra sociedad.

En el marco del II Congreso de Edificios Inteligentes, realizado en la Facultad de Ingeniería Industrial de La Universidad Politécnica de Madrid en los días 27 y 28 de Octubre, se ha reflexionado sobre el nuevo paradigma termodinámico en la configuración de nuestro territorio, y ya no es posible entender esta visión termodinámica sin hacer hincapié en la tecnología. Una tecnología muy compleja, que avanza a pasos agigantados, en constante desarrollo y por ende con unos costes muy elevados. Ciertos sectores de la sociedad ya se definen únicamente a través de ésta, aunque debemos plantearnos qué consecuencias sociales puede estar generando. No está al alcance de todo el mundo, aunque hemos creado un mundo dependiente de ella. Aun así, hemos logrado poder racionalizarla e integrarla en nuestra vida cotidiana en la mayoría de los sectores sociales. El grueso de los países industrializados consiguen acercar esta tecnología a casi toda su población, ¿pero todos los ciudadanos tienen las mismas oportunidades tecnológicas?

La empresa privada ha asumido el liderazgo de la investigación e implantación del concepto de ‘smart building’ y obtiene un gran rendimiento económico de él. Los precios de sus productos tienen que amortizar las investigaciones iniciales, y se dirigen a un público con unas capacidades económicas determinadas. Las clases sociales más deprimidas no son capaces de adquirir esta nueva tecnología, aunque no por ello se desconectan de ella. Estas se hacen con la tecnología de segundo o tercer orden, o, en su defecto, con la ya pasada de moda. Parece que todos estamos conectados de manera equitativa al sistema global, aunque no es así. En los últimos años estamos apreciando como nuestro nuevo mundo inteligente empieza a excluir a diferentes sectores sociales de él y potencia la creación de un nuevo sistema de clases tecnológicas, muy bien definido y acotado. Y los motivos no son únicamente económicos, también giran en torno a cuestiones tanto sociales como urbanas.

Existen ciertos sectores de la población que no son capaces ni de adquirir esta tecnología ni de utilizarla. Muchas veces, disminuidos psíquicos o físicos, personas con deficiencias cognitivas o intelectuales, están excluidos de poder llegar a convertirse en usuarios de los complejos softwares de control de estos sistemas inteligentes. A veces esta marginación reside en imponerles una serie de condiciones predeterminadas, alejando a estos sujetos de su capacidad de decisión. Es decir, una persona impedida entra en su habitación y ésta, al identificar al usuario, establece automáticamente una temperatura, humedad, hilo musical, etc. determinados, pero sin que éste pueda decidir la variación de estos parámetros en base a sus necesidades particulares correspondientes. Idéntico problema amenaza a nuestra población más envejecida, que, desactualizada, no ha podido engancharse al tren de la nueva tecnología y se resigna con la mínima impuesta por nuestro modelo de vida y mercado. Así mismo, con un creciente problema de densificación incontrolada e nuestras ciudades, un aumento de la degradación de nuestros barrios existentes y una gran deficiencia en su urbanización, les estamos condenando a la marginación tecnológica al no poder conectarse a la red general debido a la inexistencia de instalaciones urbanas adecuadas. Por lo tanto, mientras que los barrios de clase social media alta podrán adquirir los nuevos adelantos en cuanto a edificios inteligentes, los más deprimidos verán reforzada su marginación socio-urbana al estar excluidos de nuestro nuevo sistema tecnológico.

Necesitamos una democratización de la tecnología basada en un modelo equitativo de explotación de ésta. Necesitamos asegurar la capacidad de uso a toda nuestra población, ya que si no contribuiremos más a la diferenciación de clases sociales y, por tanto, a la exclusión social de aquellas con menos capacidades. Esta tecnología se ha desarrollado para facilitar y contribuir a mejorar la calidad de vida de nuestros ciudadanos y de nuestros núcleos sociales. Por otra parte, su creación está basada para contribuir a una disminución de la contaminación medioambiental y a una regeneración de nuestros recursos naturales. Tengamos esto en cuenta, y no la convirtamos en un objeto de lujo al alcance de unos pocos. Incorporemos activamente a actores públicos para asegurar su protección y accesibilidad. No la comercialicemos como un producto más. La tecnología es nuestro futuro, nuestro presente y nuestro medioambiente. Hagámosla accesible para todos, y contemos con todos para su evolución. www.archiblu.com