Mas Marroch: La madera

Mas Marroch: La madera
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Max Rutgers comenzó su formación como carpintero de estructura con los Compagnons du Devoir, en 1994. Este sistema de formación inscrito como patrimonio inmaterial de la humanidad consiste en un viaje internacional donde, además de la formación teórica, la sucesión de experiencias en empresas del sector permite conseguir un conocimiento global del oficio. Se instaló en el Alt Empordà en 2007, donde creó Maxmadera.

Además de almacenar CO2 durante su crecimiento, la madera, material natural renovable por excelencia ya que se cultiva, necesita poca energía para ser transformada. A nivel estructural tiene una excelente relación entre su peso propio y su resistencia, permite adaptarse a formas poco convencionales sin alterar su eficiencia y manteniendo una estética a veces espectacular, sin revestimientos o tratamientos especiales. (Utilizada desde el paleolítico medio, presente en muchas culturas alrededor del mundo, no ha dejado a través del tiempo de demostrar su versatilidad. Y, aunque la humanidad sigue buscando otros, estoy convencido de que es el material de construcción del futuro).

Esa fue la idea en la concepción de esta cúpula. Como si de un plato del mismo restaurante se tratara, la madera fue escogida dentro de los recursos locales, en este caso el Douglas del Montseny criado en el municipio de Arbucies. Proviene de la tercera corta de una plantación de unos 60 años, en una finca certificada PEFC: El Vilar Coll de Té. Cortada cerca del solsticio de invierno 2014, y después de unos meses de curado en tronco, fue aserrada en Fustes Oliveras. Decidimos dejarla en estado puro, dando protagonismo tanto al material en bruto como a la estructura: ambos ganarán en belleza con el paso de los años.

 

Me alegro de que los hermanos Roca hayan apostado por un edificio ecológico con estructura de madera

La cúpula, de 26m de diámetro por 10m de altura, formada por 18 arcos curvos con una sección variable de 20x70X50cm, descansa sobre paredes de piedra seca; tenía que ser totalmente auto-estable y no ejercer ninguna fuerza sobre los muros. Para cumplir con este requisito, sin quitarle esbeltez y darle ese aire de jardín de invierno, fueron necesarios bastantes trámites a nivel de cálculos a fin de poder justificar lo que un maestro carpintero define por experiencia.

Una toma de medidas precisa y la realización de un plano en 3D permitieron fabricar todos los elementos por separado y juntarlos en obra, para montar la estructura en un tiempo récord de menos de un mes. Fue igualmente vital para poder visualizar y solucionar elementos complejos, como la conexión con las cocinas existentes, el encuentro con la pérgola, o adaptar los aleros en forma circular a la estructura poligonal, para la cual tuvimos que realizar encajes distintos al paso de cada vigueta.

La buena comprensión del hilo conductor y una colaboración estrecha entre artesano y arquitecto fueron la clave que permitió resaltar la nobleza del material en detalles técnicos. Por ejemplo, los herrajes de encuentro entre barras extraíbles y piedra seca, o la perfecta integración del alumbrado en lo que de lejos parecen unas vigas sencillas.
Siempre con la misma filosofía en mente, elaboramos los demás elementos de madera, anexos, tarimas y mobiliario.