SMARTSEILLE, ‘supermanzana’ piloto en el Mediterráneo

Croquis aéreo del parque de los ayglades, François Leclercq architectes, urbanistes
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Marsella quiere ser una ciudad modelo mediterráneo. Para ello ha acelerado su programa de renovación urbana Euromed, el más importante del Sur de Europa. El objetivo: convertirse en referencia en términos de remodelación urbana sostenible. La supermanzana propone servicios innovadores, el co-uso del espacio entre habitantes y usuarios, abriendo el espacio para experimentar la ciudad de manera diferente

  •  La Ecocité ha de entenderse como ciudad sostenible, adaptada al clima y a la geografía del Mediterráneo
  •  Los primeros elementos serán entregados en 2016 y el proyecto acabará el 2018
  •  La inversión total asciende a 160 millones de euros y las viviendas no costarán más de 3.000 euros el m2 

 

Julie Roland Por Julie Roland

 

Desde su nominación como capital europea de la cultura en 2013, Marsella ha acelerado su programa de renovación urbana, el más importante del Sur de Europa, llamado Euromed. Este proyecto, entendido como una ‘operación de interés nacional’ (OIN), es a la vez cultural, social y económico, llevado por el consorcio público Euromediterranée . Ocupa cerca de 480 hectáreas en el corazón del área metropolitana, con el objetivo de un desarrollo sostenible mediterráneo. 

Esta ambiciosa reconfiguración de la ciudad finalizó su primera fase de remodelación de unas 310 hectáreas con la creación de espacios culturales (MUCEM, Villa Méditerranée, Friche Belle de Mai, FRAC, etc), la reconversión de los espacios cerca al centro histórico y el nuevo skyline de edificios de oficinas y comercios en el frente marítimo; la segunda fase se inicia a través de operaciones de diversidad funcional, social y generacional. Esta fase llamada “Euromed 2”, presentada al MIPIM de Cannes en marzo de este año, afecta a cerca de 170 hectáreas que se organizan alrededor del parque de los Aygalades, del arquitecto François Leclercq. Se estructura con cinco proyectos etiquetados ‘ecocité méditerranéenne’, o sea ‘Ciudad ecológica mediterránea’. Para Paul Colombani, director general adjunto de Euroméditerranée, “se trata de probar todas las innovaciones tecnológicas y sostenibles. Si funcionan, serán duplicadas en otros lugares de Marsella, de Francia o en el extranjero – y sobre todo en el perímetro mediterráneo”. 

La Ecocité es entendida como ciudad sostenible adaptada al clima y a la geografía del mediterráneo. 

El ultimo evento de esta ambiciosa renovación fue inaugurado el pasado 10 de abril por el presidente del grupo constructor Eiffage, Pierre Bergé, acompañado por el presidente de Euroméditerranée, Bernard Morel, y el Senador-Alcalde de Marsella, Jean-Claude Gaudin. Juntos pusieron la primera piedra en la supermanzana Allar, alias Smartseille (reducción de Smart+Marseille), reconversión inteligente de un antiguo solar industrial. 

La operación afecta a casi 2.4 hectáreas con la creación 60.000 m² de suelo. El programa propone un mezcla de edificios de viviendas, oficinas y servicios públicos. El conjunto deberá acoger 4.000 personas a diario: 385 viviendas, de las cuales 100 son de protección oficial; 3.000m² de comercios y servicios, 27.500 m² de oficinas (con 10.000 m² ya reservados por el Ayuntamiento de Marsella), y 90 habitaciones de hotel, todo cerca de la nueva sede de EDF y de la nueva estación de tren de Arenc. Los primeros elementos serán entregados en 2016 y el proyecto acabará el 2018. 

Eiffage Immobilier Méditerranée-Golem
Eiffage Immobilier Méditerranée-Golem

 

Entre los arquitectos se encuentran el Pritzker Edouardo Souto da Moura asociado a Jacques Sbriglio, quienes diseñarán el nuevo edifico del Ayuntamiento de Marsella y el Hotel. Junto a ellos, los arquitectos locales Corinne Vezzoni, para un edificio de oficinas de 5.500 m² que acogerá la sede regional de Eiffage Construction e Ingéro, conectado a un edificio de viviendas protegidas y libres por Atelier 82; Laurent Mathoulin & Sophie Jardin se encargaran de realizar un geriátrico, guardería infantil y oficinas; Jean-Michel Battesti construirá 140 viviendas, de las cuales 90 protegidas y oficinas; Babylone Aagroup coordinará los equipos y Jean Mus, de Mus & Compagnie, diseñará el parque. 

Lejos de proponer solo un nuevo plan entre reconstrucciones, el proyecto investigará, por parte de Eiffage, sobre el desarrollo sostenible de la ciudad. Gracias a su laboratorio de investigación Phosphore, Eiffage ofrecerá su visión de la construcción sostenible, desde el principio de las obras hasta el uso de los espacios.

 

En una fábrica de gas

Las obras empezaron gracias a la start-up francesa Polypop. La supermanzana Allar se sitúa sobre los antiguos terrenos de una fábrica de gas. La primera tarea será la descontaminación del suelo y, por primera vez en Europa, se usará un método suave y natural: el hongo. Polypop propone una micorremediación gracias a la penetración del mycelium en el subterráneo, que descompone y absorbe los elementos tóxicos como son los hidrocarbonos. Según el experimento llevado a cabo en los laboratorios de Polypop, el 47% de lo hidrocarbonos pesados y el 35% de los aromáticos son destruidos en 25 días. Como se trata de un primer experimento a gran escala, no hay cifras definitivas para Smartseille, sólo que se espera no superar los 120 días de tratamiento, como ocurre con otros procesos tradicionales –claramente menos ecológicos– que complementan el tratamiento por hongos.

Frente a esta primera innovación que usa conocimientos antiguos y desarrollados, Cofely (provedor de sistemas de servicios térmicos) y Climatespace (especialista de sistemas de enfriamiento), ambos filiales de GDF Suez, ponen en marcha un ‘circuito en agua de mar’. La construcción de esta plataforma talasotérmica tendrá que alimentar en un primer momento unos 100.000 m2 (500.000 m2 cuando se acabe por completo el conjunto) con unos 3km de canalizaciones al acabar la operación Euromed 2. El operador asumirá el riesgo financiero de esta primera estación de tratamiento de agua de mar, cuyo coste se estima a 35 millones de euros, y la plataforma será explotada por GDF. El proceso de este circuito 100% renovable es sencillo: se bombea el agua del mar situada a gran profundidad y se la hace circular próxima a las canalizaciones de agua interna, a través de un sistema de bombas de calor. Sus temperaturas tienden a igualarse y permiten entregar calor en invierno y frescor en verano. El objetivo es reducir el 70% las emisiones de gases de efecto invernadero y el 65% del consumo de agua. Las primeras emisiones de corriente de frío se espera par el final del año. 

 

Generación energética

A este sistema de distribución, Eiffage ha añadido una nueva marca de Solidarité énergétique®. Las nuevas construcciones permiten generar más energía de lo que gastan, así se comprometen entre ellas a intercambiar este excedente. Por ejemplo, en verano, el calor emitido por las oficinas se convertirá en agua caliente para las viviendas. Además de este ciclo de producción de energía sostenible, se usarán las cualidades naturales de la ciudad: el sol y el viento (el famoso Mistral). Cada edificio será dotado de generadores eólicos, de placas fotovoltaicas, techos verdes y de celosías, así como de una doble orientación permitiendo una ventilación transversal para generar energías limpias y favorecer la autonomía energética del barrio. Hervé Gatineau, director inmobiliario de los grandes proyectos de Eiffage, explica que “mientras la mayoría de las reglamentaciones térmicas están pensadas para Europa del norte, una parte de los edificios serán etiquetados edificios sostenibles mediterráneos”. Así que la supermanzana Allar es apta para ofrecer un modelo compartido para ambos lados del mediterráneo. 

El conjunto de estas innovaciones permite situar la supermanzana Allar en un momento crucial en la reconstrucción limpia, desde la concepción hasta la proposición de servicios innovadores, permitiendo el co-uso del espacio entre los habitantes y los usuarios y abriendo el espacio para experimentar la ciudad de manera diferente. Así, las diversidades funcionales, generacionales y sociales se confundirán en edificios bastante densos, de 16 ó 17 pisos para minimizar el impacto al suelo de las nuevas construcciones y dejar crecer el jardín mediterráneo, con plantas que aguantan el sol y la sal y que consumen poco agua. Los edificios compartirán servicios, como los huertos, que serán tanto para los residentes del geriátrico como para los niños de la guardería, creando una mezcla generacional. Lo mismo ocurrirá con los aparcamientos, que serán compartidos entre habitantes y trabajadores; mediante una aplicación, los primeros podrán reservar su parking una vez los trabajadores hayan acabado la jornada laboral. Se introducirán servicios conectados mediante una aplicación gratuita, con la que todos podrán seguir y ajustar su consumo energético, acceder a un portal de e-conserjería permitiendo el intercambio con los propios vecinos (préstamo de herramientas o un servicio de canguro, etc.) o reservar uno de los 16 coches eléctricos en alquiler. El uso de estas nuevas herramientas permitirá crear un nuevo ecosistema en la ciudad. 

La inversión total asciende a unos 160 millones de euros, de los cuales 80 millones estarán dedicados a las obras. Eiffage ha decidido no vender las viviendas a más de 3.000 euros el m2 con un IVA reducido a 5,5% y sin hacer pagar a los usuarios los costes adicionales debidos al desarrollo tecnológico. 

Marsella intenta convertirse en una ciudad ‘modelo mediterráneo’. La supermanzana Allar o Smartseille -como quieran designarlo- es solo el primer paso. Esperamos para junio 2015 el fallo del concurso por la manzana XXL lanzado al MIPIM. Los promotores tendrán que convertir un solar de 14 hectáreas, con 250.000m2 de suelo, según las pautas marcadas por Eiffage y hacer de Euromed 2 la referencia en términos de remodelación urbana sostenible mediterránea. Pero más allá de este deseo icónico de la ciudad, y como resume François Jalinot, el director general del Euromed: “Se trata de ver cómo estas nuevas técnicas constructivas se adaptan al mercado local, pero también de averiguar cómo se las apropian los habitantes”. Tendremos unas primeras repuestas en 2019. Pero, ¿la tecnología será compatible con el uso de los habitantes? ¿Este ensayo de sostenibilidad e inteligencia será tan innovador como el proyecto presentado? Aún no lo sabemos. Esperaremos a los primeros beneficiarios para hacer un balance.